Entrega TP3 “La jaula”

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Objeto

Fermina, Carmen, Catalina, Juana, Sixta y Úrsula fueron hermanas, todas nacidas en Santa Isabel, un pueblo muy chico de Santa Fe, entre 1922 y 1936. Úrsula tuvo una hija de muy joven, Graciela, y se fue a vivir a otro pueblo. El padre de Graciela murió al poco tiempo y Úrsula crió sola y como pudo a Graciela, hasta que ella tuvo alrededor de 13 años. Entonces se volvió a casar con un hombre muy violento, quien intentó abusar sexualmente de Graciela.

Úrsula no quiso o no pudo evitarlo, Graciela logró huir y se refugió con sus tías, quienes la protegieron y cuidaron, sin perdonar jamás a Úrsula el abandono.

Objetos:

Una pava roja y un mate, gastados por el uso.

Vestidos y polleras largas heredados de generaciones anteriores.

Una mesa redonda con doble mantel, floreados y limpios.

Puertas altas, pesadas.

Servilletas blancas de tela.

Historia nueva:

Fermina, Carmen, Selva y Úrsula (no mantenemos los nombres tal cual) cocinan para su sobrina Catalina que ya se encuentra a salvo con ellas luego de escaparse. Se mueven por la casa realizando diferentes tareas, hasta que se sientan a comer y se sugiere que a quién se están comiendo es al hombre que intentó abusar de la sobrina.

La historia sucede durante un almuerzo tradicional como podría ser en una familia las pastas del domingo. La mesa servida, las funciones que cada una cumple en la planificación, todo da cuenta de una cotidianeidad en el hábito.

Objetos:

Pava y mate, como elemento compartido, que representa tradiciones que trascienden épocas y se heredan.

Olla para guiso, gastada y grande, también relacionada con el compartir.

Guantes de jardinería de cuero, sucios por el uso, con tierra rojiza.

Pala grande, vieja y oxidada, para enterrar.

Cuchillos filosos con mango de hueso y de cuerno.

Nueces, muchas, rotas, apiladas en una gran fuente.

Diario, tijeras.

Copas de vino, finas, de cristal coloreado.

Botella de vino llena de polvo y gastada, con el vidrio opacado por los años.

Palo santo para matar las malas energías.

Una pipa elegante, estilizada, redonda.

Un gato con el cono de la verguenza.

Una silla mecedora ruidosa, de madera gastada.

Frascos con especias con sus etiquetas correspondientes, en latín.

Velas encendidas, arriba de botellas, con la cera derretida chorreando.

Mantel, servilletas, cubiertos y platos hondos

s, de un juego de vajilla fino, heredado.

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La carta me abrió un mundo, el mundo de Dalmazia, que es un mundo que habita entre los muertos y los vivos. Una suerte de limbo. Decido crear ese no-lugar, ese límite construyendo un espacio totalmente muerto, inerte. El maizal está muerto y le agrego muebles hogareños cubiertos con sabanas blancas, imagen repetida en películas para demostrar que la casa está inhabitada. En ese espacio la personaje vive, ella está viva a diferencia de todos los objetos. Se denotará la carta desde una voz en off susurrante que dirá algunas de las líneas que Dalmazia escribe. En la carta ella se comunica de una forma tan íntima que me parece necesario que la voz de la impresión de estar contando un secreto.

La voz estará acompañada de una banda sonora creada desde sintetizadores y un piano.

Será blanco y negro ya que es un recurso que ayuda en la idea de lo yerto que quiero transmitir. Filmar en Super 8mm, por un lado por mis ganas de experimentar con el dispositivo y por el otro porque creo que dará una textura y un timing que ayudarán a la pieza a transmitir de manera más sensorial.

Para el vestuario decido que la personaje use ropa interior del color de su piel, una pseudo desnudez. Es ella y su cuerpo vagando. Sin ningún ropaje que la acompañe.